Oración del Día
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Hoy ponen a prueba a Jesús y le someten a interrogatorio para ver si dice algo “nuevo”. Y, ¡sorpresa!: lo de Jesucristo es novedoso pero no es nuevo. Como Hijo del Padre, lo que hace es elevar la Ley y los Profetas hacia un nuevo horizonte: ¡hijos de Dios!
—Dios no es el “dios” que nos inventamos. Jesús nos lo muestra como Padre que mendiga amor entre sus hijos y exige que nos amemos como hermanos.
ORACIÓN DEL DÍA
Las lecturas de hoy nos recuerdan que Dios no se deja encerrar en nuestras expectativas ni en nuestros esquemas. En el Evangelio, Jesús compara el Reino de los cielos con un banquete de bodas. Todos son invitados, pero algunos rechazan la invitación porque están demasiado ocupados con sus propios intereses.
También nosotros podemos recibir la invitación de Dios y, sin embargo, vivir como si no tuviéramos tiempo para Él. El Señor nos llama a participar de su alegría, pero nuestra respuesta exige abrir el corazón y dejar que Él transforme nuestra vida.
El vestido de bodas representa precisamente esa transformación interior: no basta con haber sido invitados; es necesario acoger la gracia y revestirnos de Cristo, de su amor, de su misericordia y de su manera de vivir.
La Eucaristía es el banquete al que el Señor continúa invitándonos cada día. No somos dignos por nuestros méritos, sino porque Él nos ama y nos llama gratuitamente.
Pidamos hoy la gracia de no permanecer indiferentes ante su invitación. Que sepamos reconocer que el Reino de Dios es el verdadero banquete de nuestra vida y que, revestidos de Cristo, podamos llevar a los demás la alegría de haber sido llamados por Él.