Oración del Día

 

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Hoy nos sorprendemos al ver gente buscando con qué acusar a Jesús. ¡Acusar a Dios! ¿No te parece ridículo? Pues sucedió entonces y sucede actualmente. ¡Qué manía con poner a Dios entre las cuerdas!
—¿Sabes qué les ocurre a los practicantes de este “deporte”? «Se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús». ¡Se quedan ciegos y al final no saben qué hacer con Dios! ¡Lamentable!.

ORACIÓN DEL DÍA

El Evangelio nos presenta a Jesús en la sinagoga, frente a un hombre que tiene una mano paralizada. Los fariseos lo observan para ver si lo cura en sábado. Jesús, en cambio, mira al hombre y pone en el centro su dignidad y su necesidad. Para Él, hacer el bien nunca puede esperar.

Hay una pregunta que atraviesa el Evangelio: «¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o el mal?». Jesús nos recuerda que la fe no puede convertirse en una excusa para permanecer indiferentes. Podemos conocer perfectamente las normas, hablar de Dios e incluso defender nuestras tradiciones, pero si nuestro corazón permanece cerrado ante quien sufre, hemos perdido lo esencial.

Jesús invita al hombre a ponerse en medio. Allí donde otros ven una limitación, Él ve una persona que puede volver a levantarse y extender la mano. También nosotros llevamos manos heridas, cansadas o paralizadas por el miedo, el pecado, las decepciones o la soledad. Cristo no nos aparta: nos llama a salir de nuestro escondite y a confiar en su palabra.

Señor Jesús, ponemos ante Ti nuestras manos paralizadas, todo aquello que ya no sabemos cómo hacer y todo aquello que el miedo nos impide entregar.

Míranos con tu misericordia, llámanos a levantarnos y devuélvenos la fuerza para extender nuestras manos. Que nunca usemos la ley, la comodidad o nuestras seguridades para justificar nuestra indiferencia. Haznos capaces de hacer el bien, especialmente cuando alguien necesita de nosotros.
Amén.

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