Oración del Día
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Hoy la parábola va dirigida particularmente a los sacerdotes y notables de Israel. Ellos mismos son los labradores de la viña, es decir, los pastores del Pueblo que el propietario (Dios) ha puesto a su cuidado. Han liquidado un profeta tras otro… Al final, también a Jesucristo, la “piedra angular”. Su preciosa Sangre vertida por aquellos “labradores homicidas”, gracias a su Amor divino, se ha convertido en bebida de salvación para todos nosotros.
—¡Ahí la tenemos: en la Santa Misa! ¡Es maravilloso lo que ha hecho el Señor!
ORACIÓN DEL DÍA
La Palabra de hoy nos coloca ante una pregunta que no podemos esquivar: ¿qué hacemos con la viña que el Señor nos ha confiado? Isaías nos presenta a Dios como el viñador que prepara con amor su viña, la cuida y espera de ella frutos buenos. En el Evangelio, Jesús nos recuerda que esa viña es también nuestra vida, nuestra vocación, la Iglesia, la comunidad y cada persona que Dios ha puesto en nuestro camino.
El drama no está en que Dios deje de amar a su viña, sino en que el corazón del hombre puede apropiarse de aquello que ha recibido como don. Los viñadores olvidan que no son dueños, sino administradores. Y quizá ahí comienza también nuestro pecado: cuando convertimos en propiedad lo que Dios nos ha confiado.
Como sacerdote, esta Palabra me invita especialmente a preguntarme: ¿qué frutos está esperando hoy el Señor de mi vida? No busca apariencias ni palabras, sino frutos de justicia, misericordia, humildad y amor.
Señor Jesús, tú eres el Hijo enviado a la viña de nuestra historia. No permitas que cerremos nuestro corazón a tu voz. Haznos servidores fieles de lo que nos has confiado. Que nuestra vida sacerdotal, nuestras comunidades y cada una de nuestras obras puedan ofrecerte frutos que permanezcan.
Señor, que nunca olvidemos que la viña es tuya y nosotros somos solamente tus servidores.